Art. 112 Sacrosanctum Concilium - Sobre la música Sacra

Art. 112 Sacrosanctum Concilium 

Constitución sobre la sagrada liturgia.
Capítulo VI dedicado a la música Sacra.

Dignidad de la música sagrada

112. La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne.
En efecto, el canto sagrado ha sido ensalzado tanto por la Sagrada Escritura, como por los Santos Padres, los Romanos Pontífices, los cuales, en los últimos tiempos, empezando por San Pío X, han expuesto con mayor precisión la función ministerial de la música sacra en el servicio divino.
La música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados. Además, la Iglesia aprueba y admite en el culto divino todas las formas de arte auténtico que estén adornadas de las debidas cualidades.
Por tanto, el sacrosanto Concilio, manteniendo las normas y preceptos de la tradición y disciplinas eclesiásticas y atendiendo a la finalidad de la música sacra, que es gloria de Dios y la santificación de los fieles, establece lo siguiente:

REFLEXIÓN

Este primer artículo de la constitución nos ofrece una introducción general al tema, en función de ello, vamos a destacar varios puntos de suma importancia que todo músico católico debe tener muy presentes:

1.- La tradición musical de la iglesia, es decir, todas las composiciones hasta ahora creadas a lo largo de la historia de nuestra iglesia católica, su uso, formas, estilos, interpretación, etc., deben constituir para todos los miembros de la iglesia un tesoro invaluable, inestimable. De allí la importancia que debemos darle actualmente a todo este repertorio para su inclusión en la liturgia en lugar de relegarlas, desplazarlas, o rechazarlas por considerarlas viejas o fueras de moda, como si la música litúrgica tuviera que regirse por los criterios del mundo de la música actual donde, se nos exige que debemos estar en constante renovación de un repertorio pues de lo contrario pasará de moda el artista o compositor. Al contrario, la riqueza que estas obras aportan nos permiten vivir realidades sonoras que difícilmente en el mundo musical actual encontraremos con facilidad, y mucho más, nos permitirá acercarnos a las realidades divinas con un enfoque propio, basado en la tradición de nuestra iglesia católica. 

2.- Dice el artículo que este gran tesoro musical es reconocido por sobresalir entre todas las demás expresiones artísticas, lo cual constituye un compromiso que nos debe llevar a dedicarnos a él con más ahínco. Nos corresponde por tanto a todos los músicos de Dios, sean compositores o intérpretes de cada tiempo, estudiar, emplear y dar su justo valor a ese tesoro musical en cada celebración litúrgica.

3.- El canto sagrado, unido con las palabras son parte integral, necesaria de la liturgia solemne. Este apartado debe ser tomado muy en cuenta por sacerdotes y laicos, de hecho, el tema de la participación activa de los fieles que recurrentemente se menciona en los documentos del Concilio Vaticano II plantea la importancia del canto para llevar a cabo ese objetivo, a tal fin, se hace necesario crear o mantener programas de formación musical católica en nuestros seminarios, parroquias y comunidades.

4.- Se reconoce la importancia del uso de la música basado en la sagrada escritura, en los aportes de los papas y aquí podríamos agregar que muchos santos también han expresado sus opiniones sobre el valioso papel de la música y su función ministerial en el servicio divino. Biblicamente siempre debemos tener presente que nuestro Señor Jesucristo Cantó en la última cena junto a sus apóstoles justo antes de ir al Getsemaní (Mt 26,30). Por parte de los papas, mencionemos uno de los grandes aportes del siglo XX con San Pio X y su motu propio "Tra le Solicitudini" y en cuanto a los santos, nos viene a la mente la frase de San Juan Bosco: "Una iglesia sin música es como un cuerpo sin alma"

5.- Se habla sobre la santidad de la música diciendo que será mucho más santa en función de su unión con la actividad litúrgica. Este punto debemos tenerlo muy presente, pues la santidad de la música depende de su "unión con la actividad litúrgica" por tanto, influye el repertorio seleccionado en función del tiempo litúrgico, las partes de la misa, la forma como se interpreta la música, los textos de los cantos, su concordancia con las lecturas del día, etc.

6.- Se menciona el papel de la música en la actividad litúrgica diciendo que ella contribuye a expresar con mayor delicadeza la oración, fomenta el consenso, la unidad y enriquece con mayor solemnidad los ritos sagrados. Debemos entonces preguntarnos constantemente al seleccionar el repertorio litúrgico: ¿Lo que estamos cantando o queremos cantar busca la belleza expresiva de la oración? ¿Propicia la participación unánime de la asamblea? ¿Expresa el carácter solemne de la celebración?

7.- También se menciona que la iglesia admite todas las formas de arte sagrado siempre y cuando cumplan con las cualidades debidas. Vemos entonces que no hay una limitación en cuanto a la forma, pero si en cuanto a la calidad de la música, un punto muy importante que podemos pasar por alto en función del gusto musical, empleando obras inadecuadas en la liturgia. Por tanto, al admitir, todas las formas de arte sagrado, se da libertad, pero esa libertad debe emplearse correctamente para buscar primero, la bondad en las formas y segundo, la santidad en la música, de los músicos y en como se interpreta la música.

8.- El artículo 112 culmina destacando la finalidad de la música Sacra que es, la "Gloria de Dios y la santificación de los fieles", enfoque que no debemos nunca perder de vista en nuestra acción ministerial como músicos de Dios. No debemos ir a cantar o tocar pensando que estamos cumpliendo con un formalismo. Tampoco podemos cantarle a Dios y olvidarnos del hermano que tenemos al lado tocando, viviendo o trabajando con nosotros. Si el fin de la música sacra esta siempre presente en nuestra mente, buscaremos obrar conforme a la voluntad del Señor, y entonces será él quien toque, quien cante, quien dirija, buscando siempre la santificación de sus hijos. Pidamos siempre al Señor, antes, durante y al final de la liturgia que seamos sus instrumentos, cornetas, o micrófonos y que todo lo que hagamos musicalmente y en nuestras vidas en general también sea para alabar, glorificar, reverenciar a Dios y propiciar la santificación de todos nuestros hermanos. 

Que Dios les bendiga y la Virgen siempre nos lleve de la mano hacia Jesús.

Johan Parilli Paz
Fundación de Músicos Católicos - Fundamusica.


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